lunes, 7 de mayo de 2012

Fragmentos enmarañados I


"Caer está permitido. Levantarse es obligatorio".

Un viejo proverbio ruso. Puedes tropezar y caerte. Pueden golpearte y puedes caer. Pero siempre, pase lo que pase, siempre tienes que levantarte. Así está exigido. Así lo pide la vida, y el mundo.

Este proverbio me lo recordó un buen amigo no hace mucho. En la vida es fácil caer. Hay muchas razones que te empujan, o muchos baches en los que tropiezas. ¿Demasiados? No lo se. Y no soy quien para juzgar su cantidad. Solo diré que caer es la parte fácil. Levantarse, ya es más jodido, y no está al alcance de todos.

Diciendo esto me viene a la mente una escena de "300" (magnífica película, tremendo papel de Gerard Butler, así como en Atila o en Beowulf y Grendel), en la que el rey Leónidas está a punto de marchar, y en la despedida, como buen espartano, no habla. Es más... voy a buscar el video... http://www.youtube.com/watch?v=3SuDa3Ppq_w Aquí está.

"Solo los recios, solo los fuertes..." Puede aplicarse a la vida. Puede que haya algunas personas suertudas, que nazcan en una vida pomposa y sin preocupaciones, y que así continúe hasta su fin. Porque las hay. Pero, normalmente, creo, que la vida no es fácil precisamente. Hay que ser fuertes para aguantar los envites de la vida, para aguantar esas jugadas clave que te lanza. "No hay lugar para la debilidad". Literalmente, en la vida, "con tu escudo, o sobre él." No hay más.

Pensando en la cita anterior del proverbio ruso por parte de migran amigo, que tanto me aguanta, y del que aun nunca he hablado aquí, me viene a la cabeza otra gran frase que rondó la cabeza de ambos durante mucho tiempo, y que nos llevó a realizar tantas locuras imposibles, hazañas de auténticos titanes en aquel entonces para ser solo dos personas.

"Por Sangre y Honor".

Sangre. Aquel líquido rojo por el que peleábamos, y aquello que era nuestra única recompensa. Honor. Aquello que nos movía, lo que nos hacía ser siempre nosotros mismos, aquello que nos obligaba a batallar mil y una veces para no dejarnos pisar. Sangre y Honor. Sangre propia, Sangre de nuestros enemigos. Honor de nuestros corazones. Honor para los caídos.

Quizá os pueda parecer una tontería para la mayoría, pero para mi esta corta frase tiene mucho significado. En torno a esta frase se originaron grandes amistades. Algunas se volvieron putrefactas más tarde, y una de ellas pervive aun con fuerza. Una frase sin sentido ni significado para muchos, pero repito que tiene mucho valor para mi, no solo por su origen, sino también por su final. Recuerdo aquellos tiempos con alegría y nostalgia. Lanzarse a la aventura, a la batalla, y a mil cosas disparatadas o estúpidas, pero siempre con esa frase en la memoria y en el corazón, si alguna vez tuvimos una cosa y la otra xDDDDD

A partir de esta última memoria, recurriré a otra más reciente, pero, podría decir, procedente de la misma fuente.

“Nunca aceptes la mano que te tiendan. Siempre es mejor que te sostengas por tus propios medios. Es lo que distingue a los grandes de los sumisos”.

Fragmento extraído de "Genn Cringris: Señor de su manada", de James Waugh, una de las historias que pueden encontrarse en la página de Wolrd of Warcraft, de Blizzard. Independientemente de que pertenezca a una historia de un videojuego o no, la frase, hay que reconocer, que es buena.

No siempre van a ayudarte. No siempre tendrás una mano de apoyo allí donde la necesites. No siempre van a sujetarte cuando caigas. Y cuando caes, no caes al suelo. Eso sería demasiado fácil. Caerás a un abismo sin fin. Sin fin, o con fin, depende de cada uno. Los abismos pueden ser pequeños, o pueden ser enormes. Pero sean pequeños o gigantes los abismos, sales más fuerte si sales por ti mismo, que con ayuda.

Y desde mi experiencia, he de decir, que cuando caes, no hay una red de seguridad, no hay una colchoneta, no hay manos ni escaleras en la caída. Intentarán ayudarte, intentarán tenderte una mano. Alivian, un poco, pero no te sujetan en tu caída. Si caes, caes.

Pero yo no puedo asegurar que del abismo se salga reforzado. Aun sigo cayendo. Os dejaré un mensaje cuando llegue al fondo.

Hace tiempo, como un año, o año y unos meses, tuve una conversación... interesante, si. Sobre la vida, sobre el ánimo, sobre las personas y sus formas de ser, y sobre ese gran desconocido, yo. No saqué nada en claro, ni lo sacaré. Pero la frase final con la que se zanjó la conversación, que no fue un típico adiós de los míos, fue la siguiente: "Solo te diré una cosa: que no quieras seguir viviendo, no quiere decir que los demás quieran vivir sin ti".

No la entendí. La sigo sin entender.