"Caer está permitido. Levantarse es obligatorio".
Un viejo proverbio ruso. Puedes tropezar y caerte. Pueden
golpearte y puedes caer. Pero siempre, pase lo que pase, siempre tienes que
levantarte. Así está exigido. Así lo pide la vida, y el mundo.
Este proverbio me lo recordó un buen amigo no hace mucho. En
la vida es fácil caer. Hay muchas razones que te empujan, o muchos baches en
los que tropiezas. ¿Demasiados? No lo se. Y no soy quien para juzgar su
cantidad. Solo diré que caer es la parte fácil. Levantarse, ya es más jodido, y
no está al alcance de todos.
Diciendo esto me viene a la mente una escena de
"300" (magnífica película, tremendo papel de Gerard Butler, así como
en Atila o en Beowulf y Grendel), en la que el rey Leónidas está a punto de
marchar, y en la despedida, como buen espartano, no habla. Es más... voy a
buscar el video... http://www.youtube.com/watch?v=3SuDa3Ppq_w Aquí está.
"Solo los recios, solo los fuertes..." Puede
aplicarse a la vida. Puede que haya algunas personas suertudas, que nazcan en
una vida pomposa y sin preocupaciones, y que así continúe hasta su fin. Porque
las hay. Pero, normalmente, creo, que la vida no es fácil precisamente. Hay que
ser fuertes para aguantar los envites de la vida, para aguantar esas jugadas
clave que te lanza. "No hay lugar para la debilidad". Literalmente,
en la vida, "con tu escudo, o sobre él." No hay más.
Pensando en la cita anterior del proverbio ruso por parte de
migran amigo, que tanto me aguanta, y del que aun nunca he hablado aquí, me
viene a la cabeza otra gran frase que rondó la cabeza de ambos durante mucho
tiempo, y que nos llevó a realizar tantas locuras imposibles, hazañas de
auténticos titanes en aquel entonces para ser solo dos personas.
"Por Sangre y Honor".
Sangre. Aquel líquido rojo por el que peleábamos, y aquello
que era nuestra única recompensa. Honor. Aquello que nos movía, lo que nos
hacía ser siempre nosotros mismos, aquello que nos obligaba a batallar mil y
una veces para no dejarnos pisar. Sangre y Honor. Sangre propia, Sangre de
nuestros enemigos. Honor de nuestros corazones. Honor para los caídos.
Quizá os pueda parecer una tontería para la mayoría, pero
para mi esta corta frase tiene mucho significado. En torno a esta frase se
originaron grandes amistades. Algunas se volvieron putrefactas más tarde, y una
de ellas pervive aun con fuerza. Una frase sin sentido ni significado para
muchos, pero repito que tiene mucho valor para mi, no solo por su origen, sino
también por su final. Recuerdo aquellos tiempos con alegría y nostalgia.
Lanzarse a la aventura, a la batalla, y a mil cosas disparatadas o estúpidas,
pero siempre con esa frase en la memoria y en el corazón, si alguna vez tuvimos
una cosa y la otra xDDDDD
A partir de esta última memoria, recurriré a otra más
reciente, pero, podría decir, procedente de la misma fuente.
“Nunca aceptes la mano que te tiendan. Siempre es mejor que
te sostengas por tus propios medios. Es lo que distingue a los grandes de los
sumisos”.
Fragmento extraído de "Genn Cringris: Señor de su
manada", de James Waugh, una de las historias que pueden encontrarse en la
página de Wolrd of Warcraft, de Blizzard. Independientemente de que pertenezca
a una historia de un videojuego o no, la frase, hay que reconocer, que es
buena.
No siempre van a ayudarte. No siempre tendrás una mano de
apoyo allí donde la necesites. No siempre van a sujetarte cuando caigas. Y
cuando caes, no caes al suelo. Eso sería demasiado fácil. Caerás a un abismo
sin fin. Sin fin, o con fin, depende de cada uno. Los abismos pueden ser
pequeños, o pueden ser enormes. Pero sean pequeños o gigantes los abismos,
sales más fuerte si sales por ti mismo, que con ayuda.
Y desde mi experiencia, he de decir, que cuando caes, no hay
una red de seguridad, no hay una colchoneta, no hay manos ni escaleras en la
caída. Intentarán ayudarte, intentarán tenderte una mano. Alivian, un poco,
pero no te sujetan en tu caída. Si caes, caes.
Pero yo no puedo asegurar que del abismo se salga reforzado.
Aun sigo cayendo. Os dejaré un mensaje cuando llegue al fondo.
Hace tiempo, como un año, o año y unos meses, tuve una
conversación... interesante, si. Sobre la vida, sobre el ánimo, sobre las
personas y sus formas de ser, y sobre ese gran desconocido, yo. No saqué nada
en claro, ni lo sacaré. Pero la frase final con la que se zanjó la
conversación, que no fue un típico adiós de los míos, fue la siguiente: "Solo
te diré una cosa: que no quieras seguir viviendo, no quiere decir que los demás
quieran vivir sin ti".
No la entendí. La sigo sin entender.