Demasiado tiempo desde la última vez que visite este lugar. Dos
años, o algo más, he perdido la cuenta del tiempo, y hoy me he decido a escribir, pues ayer no encontré la fuerza suficiente para ello. Llevo desde ayer leyendo
estas páginas y algunas otras más, al menos las que he podido. He estado
recordando y analizando todo lo escrito y todo lo pasado, todo lo que cuentan
estas negras páginas. Y me parece mentira todo el tiempo que ha pasado, y más aún
todo lo que he perdido por el camino. Más de lo que recuerdo.
No se si la fecha tiene algo que ver con que haya recordado
este lugar, que es muy posible, pero el viernes me entró nostalgia al ver este
lugar aún entre mis marcadores junto a otros blogs más. He leído todas las
entradas posibles, y no he dormido.
Han pasado ya cuatro años, y no parece tanto tiempo. La
arena del reloj ha caído entre mis dedos mientras intentaba aferrarla con todas
mis ganas, pero lo único que he logrado es marcar mis uñas en mi palma y llenar
el suelo de fina tierra barrida por el viento del tiempo, esparciéndola por
todos los rincones y haciéndola cada vez más borrosa, menos consistente y más
lejana. Pero pese a ello, el recuerdo sigue vivo, marcado a fuego ahí, en lo
profundo de mi ser. Un ser que se ha vuelto más oscuro en el paso de estos
cuatro años. Un ser que ya no es aquello que quiso una vez.
Puedo parecer imbécil con lo que voy a decir... O escribir,
a efectos lo mismo me da. Aún la quiero y la extraño. Demasiado, cada día a
cada hora. Echo de menos hablar con ella. Echo de menos sus risas. Echo de
menos todo. Echo de menos como era antes todo, incluido yo mismo. Decían que
con el tiempo se pasaría esta sensación de vacío, este dolor. Decían. No se
pasa, y como dije hace años, nunca pasará.
Llevo estos cuatro años enterrando gente. Uno tras otro, sin
descanso. Cuatro años que puedo contar por fechas. Cuatro años agónicos desde
aquel febrero de 2011. Aquel día se marcó también mi fin y mi declive a lo más
profundo, y si alguna vez surgió algún resquicio de luz, pronto fue extinguido
con otro funeral. Hasta que se agotaron las cerillas para los pequeños rincones
en los que moraba la esperanza. Los dos últimos años no he sentido nada. Ni dolor,
ni pena, ni tristeza, ni alegría, ni bienestar. Solo un tremendo vacío oscuro y
frío, el cual dicen que no es bueno emocional ni psíquicamente. Pero no puedo
remediarlo, pesan demasiadas memorias en mi conciencia. Me he acostumbrado a lo
malo, a las desgracias. Y yo lo acepto y me siento bien. Que le voy a hacer. Así
soy yo, al menos ahora.
Releyendo tantas entradas recuerdo como era antes, y me
gustaba ser así. Hace demasiado tiempo que ya no soy así. He dejado de tener
aspiraciones, motivaciones. La situación está perdida. Soy lo contrario a lo
que era. Soy mi propia Némesis. Y aunque
no me alegro por ello, tampoco me disgusto. Ya nadie queda que pueda recordarme
como era, o lo que hacía. Nadie.
Poco a poco todos se han ido, se han alejado, se han ido
marchando silenciosamente hasta desaparecer. Y esto no lo leerá nadie, lo se,
por lo que estoy escribiendo para mi mismo para nada en concreto. Como todo lo
que hago o dejo por hacer, es para nada en concreto,
Sigo teniendo una lucha mental, sigo descendiendo en lo
profundo del abismo, y sigo sin ver el fondo de tan tremendo agujero. Está
demasiado oscuro aquí abajo, tan oscuro que he dejado de ver la entrada del
abismo y ya no queda luz, ninguna luz que marque el camino ha seguir hacia el
exterior. Bueno, sinceramente, no se si la hay, porque paso de buscarla. No
tengo ganas de buscar. Sigo perdiendo a cada día el interés por las cosas y las
ganas de esforzarme. Y que le voy a hacer. En esto me he convertido. Y dudo que
a alguien le importe. Simplemente un paso tras otro, forzados por el río del
tiempo. Lo que viene, viene. Y lo que se va, simplemente se va.
A fin de cuentas, estoy igual que hace bastantes años atrás.
Sigo sin saber quién soy, sigo sin saber qué hacer, y sigo sin saber por qué
sigo caminado cuando todo lo que una vez me importó ha desaparecido. Quizá
porque no tengo nada que hacer, nada que lograr ni nada que perder.
Algo de lo que me estoy dando cuenta es de que cada vez
ordeno peor mis pensamientos, cada vez pierdo más el hilo del tema y presto
menos atención, o ninguna, a lo que estoy haciendo. He de releer continuamente
todo lo escrito, y cada vez tengo menos claro que quería escribir, pues comencé
con un tema, y no se con que terminaré. Mira por donde, eso no ha cambiado,
creo.
Retomando atrás el texto, y dando por gran desvarío senil lo
anterior, si me viera así, no se que diría, pues he perdido todas las
cualidades por las que me una vez me quiso. Me duele haber perdido aquellas
cualidades, aquel interés por las cosas que hacía y por las cosas por hacer. Me
duele haberme olvidado de como era aquel entonces, de que aquellos días
desaparezcan tragados por el tiempo, de que no se pueda volver todo atrás por
un instante. De que todo haya sido tan injusto y tan retorcido.
Son demasiadas las personas que he dejado atrás, y reconoceré,
en un ataque de debilidad, que duele dejarlas atrás. Duele no volverlas a ver,
no volver a escuchar sus voces. Duele ver esos lugares vacíos. Duele el vacío
que dejan en el interior esas personas. Y ante tanto dolor no hay consuelo.
Llevo estos años cargando con todo ese dolor, ese tremendo espacio vacío que
quedó en mí. Y cada día va a más, cada vez que ves en el calendario un nuevo número,
un nuevo día. Ves que pasa el tiempo y que sigues cada día peor. Me acuesto
hecho una mierda, me levanto peor. En mis sueños solo hay pesadillas que hace
irregular mis periodos de descanso. No duermo bien y pierdo la concentración
continuamente. Y siempre vuelvo a pensar en lo mismo, una y otra vez. Es para
volverse uno loco.
Hecho de menos hablar con ciertas personas, aunque con
algunas ya nunca volveré a hablar. Y con otras... Ya ni se acuerdan de que
existo, mejor, han salido ganando, no es bueno acordarse de personajes como yo,
solo soy un mal ejemplo. He vuelto a las viejas costumbres, a meter la pata a
cada momento, a encontrar siempre los peores lugares y las peores compañías, a
meterme en líos una y otra vez. Vuelvo a ser... No, no vuelvo a ser lo que era
hace mucho tiempo atrás, soy algo mucho peor.
Deje salir a La
Bestia para combatir la oscuridad que poco a poco me consumía,
esa tristeza sin límites que me invadió. La Bestia lanzó zarpazos y mordiscos contra aquella
masa neblinosa y opaca. Combatió bien, al menos durante un tiempo, hasta que se
agotó. Esta oscuridad agotó a esa Bestia que dejé salir de allí donde la había encerrado,
aquel rincón alejado de mi ser más profundo que quedó casi extinto en aquellos
buenos años. Pero la oscuridad, no se puede combatir con oscuridad. La
oscuridad tragó también a La
Bestia, y con ella, a mi último resquicio de mi mismo, que de
vez en cuando coletea con espasmos mortales, lanzando en ocasiones algún último
zarpazo a la nada, intentando rasgar las tinieblas y ver lo que desea al otro
lado de ese velo oscuro y opaco. Pero cuando la mano vuelve a caer, agotada y
consumida, destrozada por hender la oscuridad y haber golpeado contra algo más
fuerte, solo ve que no hay nada, que aquello a lo que intenta aferrarse para
levantarse no es más que un espejismo creado pro la locura y la desesperación,
volviendo a caer en la oscuridad, esperando otro espasmo, otro impulso en el
que quizá si encuentre un asidero firme, o el punto mortal de la oscuridad.
Y después de todo, recuerdo a aquellas personas que me
negaban la existencia de una maldición sobre mí. Aquellas personas que insistían
en que no era cierto aquello de que las personas cercanas a mi acababan mal o
alejándose. Aquellas incrédulas personas la han sufrido. Y ya no están. No
queda nadie. Solo estoy yo, lo que una vez fui, los restos de aquella Bestia, y
una tremenda oscuridad que no llena ese tremendo vacío.
Y aquí he vuelto tras dos años, aquí me encuentro otra vez
tras cuatro años, cada día peor, echándola de menos cada día más, y perdiéndome
cada vez más en la oscuridad.
Lo siento, Tere, he fallado.
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