sábado, 7 de febrero de 2015

Cuatro años de oscuridad.



Demasiado tiempo desde la última vez que visite este lugar. Dos años, o algo más, he perdido la cuenta del tiempo, y hoy me he decido a escribir, pues ayer no encontré la fuerza suficiente para ello. Llevo desde ayer leyendo estas páginas y algunas otras más, al menos las que he podido. He estado recordando y analizando todo lo escrito y todo lo pasado, todo lo que cuentan estas negras páginas. Y me parece mentira todo el tiempo que ha pasado, y más aún todo lo que he perdido por el camino. Más de lo que recuerdo.

No se si la fecha tiene algo que ver con que haya recordado este lugar, que es muy posible, pero el viernes me entró nostalgia al ver este lugar aún entre mis marcadores junto a otros blogs más. He leído todas las entradas posibles, y no he dormido.

Han pasado ya cuatro años, y no parece tanto tiempo. La arena del reloj ha caído entre mis dedos mientras intentaba aferrarla con todas mis ganas, pero lo único que he logrado es marcar mis uñas en mi palma y llenar el suelo de fina tierra barrida por el viento del tiempo, esparciéndola por todos los rincones y haciéndola cada vez más borrosa, menos consistente y más lejana. Pero pese a ello, el recuerdo sigue vivo, marcado a fuego ahí, en lo profundo de mi ser. Un ser que se ha vuelto más oscuro en el paso de estos cuatro años. Un ser que ya no es aquello que quiso una vez.

Puedo parecer imbécil con lo que voy a decir... O escribir, a efectos lo mismo me da. Aún la quiero y la extraño. Demasiado, cada día a cada hora. Echo de menos hablar con ella. Echo de menos sus risas. Echo de menos todo. Echo de menos como era antes todo, incluido yo mismo. Decían que con el tiempo se pasaría esta sensación de vacío, este dolor. Decían. No se pasa, y como dije hace años, nunca pasará.

Llevo estos cuatro años enterrando gente. Uno tras otro, sin descanso. Cuatro años que puedo contar por fechas. Cuatro años agónicos desde aquel febrero de 2011. Aquel día se marcó también mi fin y mi declive a lo más profundo, y si alguna vez surgió algún resquicio de luz, pronto fue extinguido con otro funeral. Hasta que se agotaron las cerillas para los pequeños rincones en los que moraba la esperanza. Los dos últimos años no he sentido nada. Ni dolor, ni pena, ni tristeza, ni alegría, ni bienestar. Solo un tremendo vacío oscuro y frío, el cual dicen que no es bueno emocional ni psíquicamente. Pero no puedo remediarlo, pesan demasiadas memorias en mi conciencia. Me he acostumbrado a lo malo, a las desgracias. Y yo lo acepto y me siento bien. Que le voy a hacer. Así soy yo, al menos ahora.

Releyendo tantas entradas recuerdo como era antes, y me gustaba ser así. Hace demasiado tiempo que ya no soy así. He dejado de tener aspiraciones, motivaciones. La situación está perdida. Soy lo contrario a lo que era. Soy  mi propia Némesis. Y aunque no me alegro por ello, tampoco me disgusto. Ya nadie queda que pueda recordarme como era, o lo que hacía. Nadie.

Poco a poco todos se han ido, se han alejado, se han ido marchando silenciosamente hasta desaparecer. Y esto no lo leerá nadie, lo se, por lo que estoy escribiendo para mi mismo para nada en concreto. Como todo lo que hago o dejo por hacer, es para nada en concreto,

Sigo teniendo una lucha mental, sigo descendiendo en lo profundo del abismo, y sigo sin ver el fondo de tan tremendo agujero. Está demasiado oscuro aquí abajo, tan oscuro que he dejado de ver la entrada del abismo y ya no queda luz, ninguna luz que marque el camino ha seguir hacia el exterior. Bueno, sinceramente, no se si la hay, porque paso de buscarla. No tengo ganas de buscar. Sigo perdiendo a cada día el interés por las cosas y las ganas de esforzarme. Y que le voy a hacer. En esto me he convertido. Y dudo que a alguien le importe. Simplemente un paso tras otro, forzados por el río del tiempo. Lo que viene, viene. Y lo que se va, simplemente se va.

A fin de cuentas, estoy igual que hace bastantes años atrás. Sigo sin saber quién soy, sigo sin saber qué hacer, y sigo sin saber por qué sigo caminado cuando todo lo que una vez me importó ha desaparecido. Quizá porque no tengo nada que hacer, nada que lograr ni nada que perder.

Algo de lo que me estoy dando cuenta es de que cada vez ordeno peor mis pensamientos, cada vez pierdo más el hilo del tema y presto menos atención, o ninguna, a lo que estoy haciendo. He de releer continuamente todo lo escrito, y cada vez tengo menos claro que quería escribir, pues comencé con un tema, y no se con que terminaré. Mira por donde, eso no ha cambiado, creo.

Retomando atrás el texto, y dando por gran desvarío senil lo anterior, si me viera así, no se que diría, pues he perdido todas las cualidades por las que me una vez me quiso. Me duele haber perdido aquellas cualidades, aquel interés por las cosas que hacía y por las cosas por hacer. Me duele haberme olvidado de como era aquel entonces, de que aquellos días desaparezcan tragados por el tiempo, de que no se pueda volver todo atrás por un instante. De que todo haya sido tan injusto y tan retorcido.

Son demasiadas las personas que he dejado atrás, y reconoceré, en un ataque de debilidad, que duele dejarlas atrás. Duele no volverlas a ver, no volver a escuchar sus voces. Duele ver esos lugares vacíos. Duele el vacío que dejan en el interior esas personas. Y ante tanto dolor no hay consuelo. Llevo estos años cargando con todo ese dolor, ese tremendo espacio vacío que quedó en mí. Y cada día va a más, cada vez que ves en el calendario un nuevo número, un nuevo día. Ves que pasa el tiempo y que sigues cada día peor. Me acuesto hecho una mierda, me levanto peor. En mis sueños solo hay pesadillas que hace irregular mis periodos de descanso. No duermo bien y pierdo la concentración continuamente. Y siempre vuelvo a pensar en lo mismo, una y otra vez. Es para volverse uno loco.

Hecho de menos hablar con ciertas personas, aunque con algunas ya nunca volveré a hablar. Y con otras... Ya ni se acuerdan de que existo, mejor, han salido ganando, no es bueno acordarse de personajes como yo, solo soy un mal ejemplo. He vuelto a las viejas costumbres, a meter la pata a cada momento, a encontrar siempre los peores lugares y las peores compañías, a meterme en líos una y otra vez. Vuelvo a ser... No, no vuelvo a ser lo que era hace mucho tiempo atrás, soy algo mucho peor.

Deje salir a La Bestia para combatir la oscuridad que poco a poco me consumía, esa tristeza sin límites que me invadió. La Bestia lanzó zarpazos y mordiscos contra aquella masa neblinosa y opaca. Combatió bien, al menos durante un tiempo, hasta que se agotó. Esta oscuridad agotó a esa Bestia que dejé salir de allí donde la había encerrado, aquel rincón alejado de mi ser más profundo que quedó casi extinto en aquellos buenos años. Pero la oscuridad, no se puede combatir con oscuridad. La oscuridad tragó también a La Bestia, y con ella, a mi último resquicio de mi mismo, que de vez en cuando coletea con espasmos mortales, lanzando en ocasiones algún último zarpazo a la nada, intentando rasgar las tinieblas y ver lo que desea al otro lado de ese velo oscuro y opaco. Pero cuando la mano vuelve a caer, agotada y consumida, destrozada por hender la oscuridad y haber golpeado contra algo más fuerte, solo ve que no hay nada, que aquello a lo que intenta aferrarse para levantarse no es más que un espejismo creado pro la locura y la desesperación, volviendo a caer en la oscuridad, esperando otro espasmo, otro impulso en el que quizá si encuentre un asidero firme, o el punto mortal de la oscuridad.

Y después de todo, recuerdo a aquellas personas que me negaban la existencia de una maldición sobre mí. Aquellas personas que insistían en que no era cierto aquello de que las personas cercanas a mi acababan mal o alejándose. Aquellas incrédulas personas la han sufrido. Y ya no están. No queda nadie. Solo estoy yo, lo que una vez fui, los restos de aquella Bestia, y una tremenda oscuridad que no llena ese tremendo vacío.
 

Y aquí he vuelto tras dos años, aquí me encuentro otra vez tras cuatro años, cada día peor, echándola de menos cada día más, y perdiéndome cada vez más en la oscuridad. 

Lo siento, Tere, he fallado.

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